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La grasa corporal es necesaria

La grasa ha sido construida desde tiempos inmemoriales como el gran enemigo de la salud y en la actualidad todavía más. Nos ha sido inculcado que es la causante de todos los males de la salud que nos aquejamos y se nos ha llevado a la intolerancia a la gordura y la obesidad, fuente de angustias y desesperación para muchas personas.

Sin embargo, esta es solo la verdad a medias, y es que la grasa es una fuente de vida, buscada por todos animales cómo fuente de energía y combustible para hacer funcionar nuestra maquinaria. Los animales antes de hibernar deben acumular tanta grasa que si no lo hicieran no sobrevivirían al invierno. Por nuestra parte, los humanos: Todas nuestras vísceras están cubiertas de grasa desde fetos hasta morir, aunque fuéramos muy delgados. La madres al quedarse embarazadas almacenan grasa en abdomen, glúteos y mamas como reservas necesarias para la lactancia próxima.

Si la naturaleza nos diseña así, ¿Cómo puede ser mala la grasa? Vamos a conocer algo más sobre ella, que servirá para verla con otra cara.
La grasa ocupa poco espacio: Los ácidos grasos se almacenan en forma de moléculas de triglicéridos, que se unen formando gotas de grasa y que se almacenan dentro de unas células llamadas adipocitos o células grasas. Los triglicéridos ocupan menos espacio que los azúcares, y liberan más energía:

1 gramo de grasa libera 6 veces más energía que un gramo del azúcar de la que consumimos

Cuando ingerimos más azúcares de los necesarios, estos son utilizados para llenar las reservas de glucógeno. Al llenarse estas reservas se convierten en grasas para ser almacenadas. Y lo mismo ocurre en sentido contrario: Si los niveles de azúcares están bajos se activa la degradación de las grasas y los triglicéridos liberarán ácidos grasos a la sangre para obtener energía.

En su uso, la Glucosa puede ser quemada por 2 procesos: fermentación o respiración.

Por un lado, en la FERMENTACIÓN, la molécula de glucosa se transforma en una molécula de lactato y  generan 2 ATP (Adenosindifosfato). Es una vía muy rápida y constante de obtener ATP pero en muy poca cantidad. Por otro lado, si se usa la RESPIRACIÓN una molécula de glucosa se quema en las mitocondrias (en el corazón de la célula), generándose 38 ATP. Mediante la acción de ATP SINTASA, se produce ATP en gran cantidad  gracias a la quema de oxígeno.

Por lo tanto, podemos decir que la grasa no es tan solo una reserva de calorías sino un complejo órgano endocrino que produce docenas de hormonas. Además, desempeña distintas funciones en el cuerpo en diferentes etapas; especialmente cuando nacemos. Concretamente, en un bebé la grasa corporal es mayor que en cualquier otra especie. Y es que las células grasas no solo son células de almacenamiento, también son células inteligentes que se comunican con el cerebro.

Glucosa y triglicéridos

Nuestro cuerpo recibe dos tipos de energía: la glucosa, cuya unidad es el azúcar, y gotas de triglicéridos, que formarán la grasa.

  • Cuando sobra glucosa, esta se almacena en forma de glucógeno.
  • Cuando sobran triglicéridos, se almacenan en las células grasas llamadas adipocitos.

Al consumirla glucosa y el glucógeno pasamos a quemar  grasa, que produce más calorías por kilo. Y reiteramos: 1 gramo de grasa libera 6 veces más energía que un gramo del azúcar de la que consumimos.

Los seres humanos, por nosotros mismos, podemos almacenar glucógeno para un día, pero tenemos la suficiente grasa corporal para sobrevivir varias semanas.  De esta forma, a las grasas se las puede considerar como nuestras baterías.

La grasa nos libera de tener que comer sin parar

Al microscopio, las células grasas y los adipocitos parecen unas células con esferas bulbosas. En su interior albergan gotitas de triglicéridos,  unas grasas que nuestro organismo puede quemar para liberar vastas cantidades de energía. Las células de grasa se pueden expandir mucho más que su tamaño normal y almacenar de manera segura nuestro exceso de energía.

Las células adiposas normales producen una hormona, la leptina, que viaja al cerebro y actúa sobre el hipotálamo, y cuya acción determina cuándo y cuánto comemos. Un nivel elevado de leptina le indica a nuestro cerebro que tenemos una gran reserva de grasa, por lo que no hace falta comer. Mientras que un nivel bajo o nulo de leptina dispara una alarma para alimentarnos.

Las señales que llegan del cuerpo al hipotálamo son muy poderosas: Paraliza el sistema inmunitario y reproductivo para ahorrar energía. Cuando una persona se pone a dieta para perder grasa, la tasa de leptina cae y se produce la sensación de tener hambre para comer de inmediato y afrontar la hambruna.

Por otro lado, al practicar ejercicio nuestra grasa segrega otra hormona,  la adiponectina, cuya función es guiar la grasa de la sangre para formar depósitos sanos de grasa subcutánea, justo debajo de la piel. Cuando uno abandona el ejercicio físico y el deporte, el metabolismo deposita la grasa en el abdomen y alrededor de los órganos. En este punto es destacable una imagen de una persona que parece delgada mirándola de espaldas, pero vista de perfil, se observa una gran barriga.

El peso que vemos en la báscula no es algo fijo, lo que sí es fijo es el peso mínimo. Si el peso desciende por debajo de ese umbral, el cuerpo empezará a hacer todo lo que tenga que hacer para evitar morir de inanición. Es impensable aspirar a un índice de grasa muy pequeño dado que esta es esencial para la vida. El objetivo debe ser aprender a valorar la grasa corporal por su demostrada importancia, además de mantenernos saludables.